El casting de gran hermano el gran culpable de su declive


Qué Gran Hermano no va bien desde hace años lo sabe todo el mundo. Unos dicen que es por cansancio, otros por la ausencia de Mercedes Milá, otros por quitar el canal 24 horas y así surgen mil teorías que sirven para no acusar directamente a los culpables y esos son ni más ni menos que sus creadores con Telecinco a la cabeza.

Si alguien recuerda el primer gran hermano se dará cuenta rápidamente que su casting no era un elenco de esperpentos, modelos e Instagramers de MYHYV.
El primer gran hermano contaba con personajes reales del día a día. Tanto Ismael, su ganador, como su amigo Iván, el mismo Kiko, Ania, Nacho, Israel o Silvia, Koldo y otros habitantes de aquella casa eran personas normales metidas en un entorno cerrado y que con el paso de los días y de forma natural, fueron entrando en erupcion como un volcán para generar historias que entretuviesen al público.
Lo curioso vino una vez terminado el concurso y es que, fuera de él, fueron los personajes más "personajes" los que acapararon el foco mediático. Así las Aída de turno, las Maria José Galera, Jorges Berrocales, Yoyas y demás, se hicieron amos de las tertulias, discotecas y programas nocturnos de televisión lo que llevó a Telecinco a pensar que el circo de Gran Hermano era deudor de seres extraños y o pintorescos.

Asi, a partir de aquella primera edición, el casting se dedicó no a buscar seres de este país, sino seres alienados de este país. Por tanto las Aidas de turno, los italianos guapos, los musculosos de MYHYV, las tías buenorras, los gays raritos (ojo, los raritos, no los normales), y todo elemento peculiar era bienvenido en Gran Hermano ya que eso según sus dueños, era sinónimo de éxito.
En cambio, el paso de los años ha demostrado que el público está harto de todo esto y si los gestores de GH se dieran cuenta de algo y saliesen de su micromundo, se darían cuenta que el primer expulsado de esta edición ha sido la nueva "Aída Nizar" de turno que debe estar cada edición para crear polémica.

La gente con esto y con la bajas audiencias, demuestra que la revolución real de Gran Hermano no es hacer el idiota y montar un plató con cientos de personas, la revolución sería volver a los orígenes y buscar gente que de verdad puede tener empatía por parte del público. La gente quiere a su vecino de enfrente. Al mecánico de un pueblo, a un universitario que sepa leer, a un policía que no lleve tatuajes o a una mujer normal en vez de una portada de Interviú.
Asi, la próxima edición si quiere sobrevivir ya puede ir llamándose "Gran Hermano Normalization" o si no que algunos vayan haciendo las maletas porque la patada en el culo de la audiencia va a ser de escándalo.