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Hay películas que por mucho que las analices nunca sabes cual es el secreto de su éxito. No tienen calidad cinematográfica en términos artísticos; no hacen buen uso del lenguaje cine; sus actores jamás optarían al Oscar; su guión no aporta nada y su impronta final no tiene nada especial que te haga entender el por qué de su fama, pero, estas películas existen y Admiradora Secreta es una de ellas.


Todos los que vivieron los tiempos de videoclub recordarán que era un clásico de las estanterías, una de esas películas que todo el mundo recomendaba y que más tarde o más temprano acababas alquilando y ¡carajos!, al final por mucho que fueses reacio te acaba gustando. Quizás sea la inocencia que aporta lo que hace que el filme se convierta en una película simpática, quizás el que sea una obra sin pretensiones que consigue de alguna manera hacerte amigo de sus protagonistas y creer que un día tu podrás estar en esa situación. El caso es que algo tiene.
En CINEMATTE FLIX intentamos seleccionar muy bien nuestro catálogo, no queremos convertir esto en un Netflix donde la cantidad supera con creces a la calidad y la personalidad. Queremos aportar películas que tengan peso histórico y que dejen poso dentro de ti y sinceramente que Admiradora Secreta es una de esas elecciones difíciles, ya que es lo más parecido a una comedia adolescente barata Netflix.
Pero dicho esto, el filme tiene leyenda; tiene admiradores y admiradoras nunca mejor dicho y algo debe tener. Esa búsqueda quizás os corresponda a vosotros porque un servidor nunca ha encontrado su secreto.







Esta comedia romántica ochentera y juvenil sería uno de esos placeres culpables que todos tenemos. O quizá no, porque en realidad yo la reivindico con orgullo, porque es una de las comedias juveniles ochenteras que más me gusta… Desde luego no es la típica película de la que un cinéfilo presuma, pero todo tiene su momento y su punto, y su nivel dentro de su género.
“Admiradora secreta” tiene aspectos que no contienen las películas de su estilo en la actualidad, ni siquiera en aquella época. Un punto de autenticidad y transgresión en su retrato del mundo juvenil que logra que muchos la recordemos especialmente.
Y eso me pasó a mí, recordaba haberla visto, recordaba que me había gustado, pero como la vi de pequeño no recordaba su título, perdido en el olvido y entre otras muchas comedias del estilo, pero la fortuna me sonrió e internet hizo el resto… La encontré, la volví a ver y me volvió a gustar… Años después me veo ante la hoja en blanco acometiendo un análisis que tenía que llegar.
La cosa fue que siempre recordaba dos escenas como mínimo: al bueno de C. Thomas Howell corriendo desesperadamente tras un coche para decirle a Toni que la quiere, y el polvo frustrado y torpe en el cumpleaños del propio Michael en una escena que me resultó atrevida y realista en su tiempo.
Y es que no recuerdo una comedia juvenil que supere o tan siquiera iguale a esta. En su descaro encuentra el punto justo de transgresión, tocando temas como el sexo, las relaciones, las infidelidades… de una manera plena de naturalidad, frescura, atrevimiento e ingenio, llena de momentos francamente divertidos sin necesidad de resultar estrafalario gracias a acertados enredos a los que se les saca un gran partido.
Una comedia que presenta situaciones realistas, en las que cualquier adolescente puede identificarse, desmitificando las relaciones sexuales y el puritanismo reinante en los 80 en los Estados Unidos, aunque finalmente, siendo fiel a las convenciones del género, apueste por el final didáctico y feliz, que en absoluto es un lastre en este caso ni en este título. Seguramente es mi favorita de aquellas, al menos de lo que recuerdo y por las sensaciones que tengo. Debo reivindicar también la aceptable “No puedes comprar mi amor” (Steve Rash, 1987). Hay otras como “La chica de rosa” (Howard Deutch, 1986), “Dieciséis velas” (John Hughes, 1986)… No incluyo “El club de los cinco” (John Hughes, 1985) porque la considero otro rollo, con más drama, más madura.
Uno estaba acostumbrado a comedias mucho más moderadas, que trataban con una excesiva sutileza, o donde se evitaban directamente, temas como el sexo o las infidelidades, presentando a los adolescentes asexuados o artificiosamente románticos. No, esto tampoco es “Porky’s” (Bob Clark, 1982), ni apuesta por desfases estrafalarios donde todo orbita alrededor del sexo, es una mirada mucho más amplia. Dentro de las convenciones de la comedia romántica juvenil resulta muy auténtica.
Todo ello no evita la candidez y cierta ingenuidad, pero esta variación de “Cyrano de Bergerac” triunfa donde fracasan la gran mayoría gracias a su desparpajo desprejuiciado y perfectamente medido, su agilidad, sus enredos imaginativos y unos personajes que desde sus definidos clichés logran humanizarse y que te identifiques con ellos.
No es raro, teniendo esto en cuenta, que todo aquel que ha visto la película, diga que el personaje de Toni (Lori Loughlin) es esa amiga que todos querríamos tener. Es imposible no quererla y enamorarte de ella. Además es fan de “Casablanca” (Michael Curtiz, 1942)…


El retrato de la vida de instituto, de la importancia de la popularidad y la ceguera que procura, de la desviación que propicia dicha popularidad y éxito, de la superficialidad que subyace en ello, de la inmadurez en las decisiones, de la apariencia por encima de los sentimientos… está realmente conseguido. Las pandillas, la importancia de los coches y la edad, las fiestas de instituto, la pérdida de la virginidad antes de la universidad…
Además es una excelente reflexión sobre la amistad sincera, capaz de anteponerse al amor por ese amor al otro precisamente, de la lealtad y la fidelidad, algo que personifica en su máximo esplendor el ya reseñado personaje de Toni.
La soledad, que se puede llegar a sentir de manera especialmente aguda en el instituto, también está bien retratada, aunque más desde un punto de vista romántico. Ese plano de Toni en soledad en el parque donde se reúnen las parejas, donde Michael llevará a Deborah, es tremendamente cruel.
Uno ve las cintas juveniles que triunfan ahora, llenas de heroínas “salvamundos” o héroes “matazombies”, de comedias insulsas de “radiofórmula”, y cae rendido ante pequeñas joyas despreciadas como esta que, si bien no ofrecieron, ni lo pretendían, revolucionarias propuestas, cumplían a la perfección con su propósito y objetivo, resultando francamente notables en su ejecución.
Los diálogos son ágiles y a menudo acertados. La dirección también es sumamente ágil y no se complica la vida, con un más que aceptable uso del plano general incluyendo a varios personajes en cuadro, y prescindiendo del montaje salvo necesidad en las conversaciones o lógicas circunstancias de puesta en escena y punto de vista.
No es una gran película, pero sí una película con encanto, superior a muchas de su género en su época, que si la ves sin prejuicios estoy seguro te seducirá, si no, no pasará de un ejercicio de nostalgia y de su tiempo. La tengo un gran cariño.


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