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LOS 7 MAGNIFICOS DEL ESPACIO | 1980 ‧ Ciencia ficción/Aventura ‧ 1h 45m


Surgida a raíz de la masiva influencia que ejerció en la ciencia-ficción y el cine fantástico cierta space opera firmada por George Lucas, 'Los 7 magníficos del espacio' ('Battle Beyond the Stars', Jimmy T. Murakami, 1980) no es más que una reimplementación "galáctica" tanto de 'Los siete samuráis' ('Shichinin no samurai', Akira Kurosawa, 1954) como, sobre todo, del remake en clave de western que el cine estadounidense había hecho de la obra maestra del cineasta nipón con la no menos espectacular 'Los siete magníficos' ('The Magnificent Seven', John Sturges, 1960). Ahora llega gratis a Cinematte Flix.










El déspota galactico Sador (John Saxon) llega con su nave destructora de mundos al pacífico planeta Akira y exige a sus habitantes que se rindan a él y le paguen tributo. Dado que no tienen armas ni conocimientos bélicos, la mejor opción de los nativos parece ser doblegarse pero entones el joven e ingenuo granjero Shad (Richard Thomas) se presenta voluntario para, a bordo de una vieja nave espacial, buscar ayuda mercenaria. Su viaje le llevará a contactar y reclutar a un variopinto grupo en el que se incluye un grupo de clones con mente grupal, el comedor de calor Kelvin (Larry Meyers & Lara Cody), el reptiliano Cayman, una guerrera valkiria (Sybil Danning), un camionero cowboy (George Peppard) y un asesino (Robert Vaughn), todos los cuales se unirán a la causa de Akira por sus propias razones no necesariamente monetarias.

“Los Siete Magníficos del Espacio” iba a contar inicialmente con un presupuesto de cinco millones de dólares, lo que a todas luces era una cantidad exagerada (la propia “Star Wars” costó 11 millones, pero aquí se trataba de una producción de mucho menor calado). Aunque al final la factura salió por 2 millones, en su momento se trató de la película más cara producida por Corman hasta la fecha. Ahora bien, la mayor parte del dinero fue a pagar los salarios de los actores. Aunque George Peppard, Robert Vaughn o John Saxon ya habían dejado atrás su mejor época, su caché seguía siendo elevado para una película de serie B como esta.

Por otra parte, cuando concibió el proyecto, Corman pensó que para modelar las maquetas y miniaturas necesarias podría contratar por un par de cientos de dólares a un puñado de jóvenes entusiastas más interesados en meter cabeza en la industria que en sus emolumentos. Pero viendo que no iba a ser posible, tuvo que ahorrar por otro lado y optó por comprar un viejo almacén de madera y transformarlo en estudio y taller de efectos especiales. Ni siquiera retiró el cartel de la fachada, “Hammond Lumber” mientras duró la producción, supuestamente porque no quería gastarse lo que costaría quitarlo, pero lo cierto es que no quería llamar la atención sobre el lugar (su edificio de oficinas cerca de Westwood, Los Ángeles, era igualmente anónimo). Como la mayoría de las inversiones de Corman, aquel almacén le dio buen resultado y pudo alquilarlo en los periodos en los que no usaba las instalaciones.

“Los Siete Magníficos del Espacio” fue despreciado por muchos como un intento cínico y barato de explotar el renacimiento de la ciencia ficción propiciado por “Star Wars”. Y desde luego, bastante de eso hay. Corman se inspiró en la publicidad de la película de Lucas, que hacía referencia a un “western del espacio” y le pidió a su guionista de plantilla, John Sayles, que reescribiera en clave de space opera “Los Siete Magníficos”, el western dirigido por John Sturges en 1960 y que, a su vez, era una versión de otra más antigua, “Los Siete Samurais” (1954), de Akira Kurosawa. Así, en lugar de forajidos chantajeando un pueblo mexicano de campesinos, tenemos a un tirano alienígena amenazando a un planeta, pero la premisa básica es exactamente la misma. Quizá intentando disfrazar su plagio de homenaje, Sayles bautizó al planeta en peligro con el nombre del realizador nipón mientras que la conexión con la película americana de Sturges se establece en la persona del actor Robert Vaughn, que participó en ambas haciendo prácticamente el mismo papel. Y, por cierto, que los propios japoneses se habían adelantado a Corman estrenando su propia versión “espacial” de “Los Siete Samurais”: “Los Invasores del Espacio” (1978).

CAMERON Y HORNER

La película venía apadrinada en diversos departamentos por tres nombres que forman parte ineludible de la historia del cine: Roger Corman, James Cameron y James Horner. Al primero, obviamente, le debemos la producción de una cinta que se acopla a la perfección a los patrones que dictaron muchas de los títulos amparados bajo su febril actividad, esto es, aprovechar el tirón comercial de cualquier producción que se le pusiera a tiro para intentar subirse al carro y sacar tajada en taquilla.

Fórmula que le funcionó al mítico productor a ratos sí, a ratos no, y que aquí pareció dar en el clavo —el filme recaudó unos 11 millones de dólares para los 2 que supusieron costearlo—, lo que realmente resulta interesante de 'Los 7 magníficos del espacio' es la implicación del director de 'Avatar' (id, James Cameron, 2009) y el compositor de 'Braveheart' (id, Mel Gibson, 1995) en tan esperpéntico título. El futuro cineasta rompetaquillas llevaba ya cierto tiempo trabajando en los talleres de producción artística de Corman cuando éste le dió la oportunidad de encargarse de los efectos visuales del presente filme.

Y lo cierto es que, aún considerando tanto los treinta y cinco años que nos separan de la cinta como el hecho de estar rodada con "dos dólares mal contados", el trabajo de Cameron es digno de encomio, desarrollando un trabajo en el diseño de producción que saca el máximo partido a los paupérrimos medios a su alcance aunque ello signifique, qué sé yo, que en la secuencia de la estación espacial podamos ver cartones de huevos en las paredes o que, atendiendo al diseño de las naves espaciales, la que tiene mayor protagonismo no sea más que el cuerpo de una mujer, senos incluidos —sic—.
En lo que a Horner respecta, no debería extrañar a nadie verlo implicado aquí por cuanto todo el primer tramo de su trayectoria hasta que consiguió embarcarse a bordo de la Enterprise, lo pasó bien amparado por la factoría Corman en producciones como 'La dama de rojo' ('The Lady in Red', Lewis Teague, 1979) o 'Humanoides del abismo' ('Humanoids from the Deep', Barbara Peeters, 1980), bien en cintas de similar talante como 'La mano' ('The Hand', Oliver Stone, 1981), 'Lobos humanos' ('Wolfen', Michael Wadleigh, 1981) o 'Bendición mortal' ('Deadly Blessing', Wes Craven, 1981).

Lo que aquí ofrece el compositor en ciernes es, no obstante, un repertorio precursor de las sonoridades más típicas que podremos encontrar, por ejemplo, a lo largo y ancho de su producción ochentera adscrita al género fantástico. No debería extrañar pues que, ya el tema principal, ya los correspondientes a las secuencias de acción suenen a otras cintas posteriores de mayor lustre como las segunda y tercera entregas del universo trekker o esa 'Krull' (id, Peter Yates, 1983) que sigue suponiendo uno de los pináculos de su trabajo tras los pentagramas.

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