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Álvaro Díaz Lorenzo (Señor dame paciencia, La despedida) es el encargado de dirigir esta comedia que cuenta con guión de Cristóbal Garrido (El club de los incomprendidos, Promoción fantasma) y Adolfo Valor (Cuerpo de élite, Velvet). La película la protagonizan Dani Rovira (Taxi a Gibraltar), María León (El autor), Antonio Dechent (El mejor verano de mi vida), Cinta Ramírez (Síndrome Valyrio), Iker Castiñeira (Los futbolísimos), Maya Murofushi (Transience) y Ryo Matsumoto (Dinner).








Japón vive el momento más dramático de su historia. Su emperador acaba de fallecer sin dejar descendencia. Comienza la carrera por buscar en el árbol genealógico algún posible heredero. Es entonces cuando descubren que en el Siglo XVII, en Sevilla, hubo una expedición de japoneses que llegó hasta un bello pueblo a la orilla de un río, su nombre: Coria del río. En aquel lugar el descendiente del emperador se asentó y formó una familia. Todos los hijos que tuvo el samurái fueron varones. Esto provocará que el destino de la familia de Paco Japón, vecinos de toda la vida de Coria del Río, cambie de la noche a la mañana, cuando sean los elegidos para ocupar el lugar del fallecido emperador en Tokio. Junto con su familia, Paco se trasladará al Palacio Imperial donde deberá aprender a vivir como el nuevo emperador del país nipón, con los choques culturales y lingüísticos que conllevará la experiencia.

Tras su éxito de taquilla con Señor, dame paciencia, Álvaro Díaz Lorenzo repite en Los Japón con el género que le está dando tantas alegrías, la comedia muy ‘made in Spain’, o sea, directa y sin demasiadas sutilezas. Parte en esta ocasión de una idea que ya explotó David S. Ward en Rafi, un rey de peso: plantear en clave humorística lo que ocurriría si una dinastía real se quedase de golpe sin heredero y hubiera que buscarle uno a toda velocidad.

Así llegan Dani Rovira y María León, un poco desorientados, como sus personajes, al trono del país del sol naciente. Cinta Ramírez, como su hija, cumple con su energía y vis cómica con ese principio no escrito por el que no hay comedia de fuste sin buenos secundarios. Resultan muy acertados el prólogo en el que se explica con animación la circunstancia que legitima al protagonista a heredar la corona del país asiático; la sugerente secuencia de coloridas sombras en la que se resume las lecciones para ser un samurái, y deslumbrantes los pasajes que reflejan las calles y el ambiente del Tokio actual. La cinta, con guiños a El príncipe de Zamunda y Bienvenido Mister Marshall, se resiente de falta de medios en la producción y gags que no siempre llegan a lograr su objetivo.


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